Porque antes de actuar o decir, es necesario poner en la balanza lo emocional y lo racional, y hacer un juicio muy fino sobre qué va a primar en tu decisión. Porque a veces el corazón quiere hablar, pero la mente lo debe advertir; lo hace pensar... y el corazón no sabe pensar: sólo siente.
Es entonces cuando en algún momento la mente se apodera de la escena y... actuamos... con la mente fría... y el corazón caliente...
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